Picnic de sábado, con la selva del otro lado del sendero, papá y yo. Papá pensando en que la cerveza no estaba lo suficientemente fría, inventando un nuevo mecanismo--mientras intenta posar para la foto-- para que no le vuelva a fallar la refrigeración de la conservadora móvil cargada en la caja del Jeep, bajo el sol implacable de las 2 de la tarde de un verano en Iguazú.
Métodos de refrigeración no le faltan a Don Novas quien, cual Melquíades, cree ciegamente en el poder revolucionador del hielo. Entonces nos tiene coleccionando botellas de plástico, que descogotará para hacer hielo y conservar en un freezar vacío--pero andando--donde congelará y fabricará su metal tan preciado, cosa con la que llegada la noche de la velada se pueda llenar los envases de 50 litros con el agua de muy baja temperatura donde enfriar, mejor que de ningún otro método, las bebidas espirituosas y gaseosas que nos acompañarán en la cena, por medio de un proceso de alquimia que nos dejará a todos asombrados y boquiabiertos, corcho tras corcho, o tapita de Quilmes tras tapita de Quilmes (O Stella, o Heineken, o la rubia que tenga para vender el mercadito de la cuadra).

1 comentario:
jajaja nunca mejor descripto!
Publicar un comentario